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Escueladeamor - Tantra Yoga
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Escríbenos.

La Rosa Mística  

 

 Esta historia está dedicada a todos los que aman.
A dos esposos, a un padre y un hijo,
a dos hermanos o dos amigos,
a dos amantes cualesquiera que
habiendo sentido la plenitud del amor
y la hermandad más verdadera,
tienen que enfrentarse a las sombras y las ausencias,
a las diferencias y las fronteras,
que antes de que naciéramos
llenaban la tierra entera.  

Relato

Dos amantes que viven muy lejos el uno del otro deciden reunirse en un lugar equidistante de sus respectivos hogares, tras mucho tiempo de estar separados y queriendo resolver los problemas acumulados en su relación.  

Cuando ella deja el aeropuerto de la ciudad donde ha aterrizado y en un taxi se dirige al café donde él espera, siente la inquietud de quien sabe que será la última cita o quizá la primera de un amor renovado.

Así, al entrar en el local su alma está agitada por el deseo de recuperar toda la plenitud que hubo entre los dos y también por la inquietud de un futuro no claro. Una vez dentro su mirada busca a su amante entre las numerosas personas que hay en la cafetería.

Él ocupa una mesa cercana frente a la ventana. Está sentado, esperándola y mirando una hermosa rosa roja que tiene en sus manos.

- ¡Qué bonito! ¡Ha tenido el detalle de comprarme una flor! - piensa ella mientras muy contenta se acerca hasta él.

Al verlo con la rosa es como si la flor hablase ya por él, sonriendo con sus pétalos rojos de terciopelo, sonriendo al sol del amor que mientras camina amanece en la conciencia de ella.

Es un sol alumbrando el recuerdo de los días luminosos donde él creó tanta belleza para ella, aquellas jornadas de mil años en que su amor nació.
Y es ese sol interior quien se asoma en su mirada sonriente cuando arriba a la mesa de él, que distraído no se ha dado cuenta de su llegada porque está ensimismado en la contemplación de la rosa.

- Hola. Ya estoy aquí, ¿no vas a darme un beso? - le dice queriendo llamar su atención, pero él, totalmente absorto, no contesta.

Ella sonríe porque lo conoce y sabe que muchas veces está en las nubes, por eso insiste.

- La única belleza que tienen los sueños es la esperanza de que se hagan realidad. Deja las Praderas Celestes por donde vagas. Ya he llegado y podemos darnos el abrazo que tanto deseamos.

Ella habla llena de sol pero él no contesta, no parecen inmutarle lo más mínimo sus palabras. Está en silencio, contemplando la hermosa rosa roja que tiene en sus manos.

- ¿Qué ocurre?, ¿no me hablas?, ¿ni siquiera me miras? - le pregunta ella tras un largo silencio donde la sorpresa va dando paso al desconcierto. - ¿No quieres hablar?, ¿no tienes nada que decirme?, ¿ni me miras a la cara? -insiste ella.

Y su silencio, la aparente indiferencia de su amante ante su llegada, ocultan el sol del amor que lucía en la conciencia de ella para dar paso a la noche, para dejar entrar una oscuridad que se va haciendo más y más espesa hasta empapar por completo su alma.

- ¿Crees que merece la pena un viaje tan largo para no dirigirnos la palabra en toda la tarde?. Llevo media hora de reloj junto a ti y ni siquiera te has dignado mirarme. ¿Te parece bonito? –insiste preocupada.

A medida que el tiempo pasa y el silencio permanece, la noche se hace más noche. Ella siente entonces todo el desconcierto del alma cuando es abandonada por la luz, el miedo del cuerpo ante la soledad y el desamparo que provoca su ausencia y, en ese vacío momentáneo, en ese temor, surge el orgullo de la mente alzándose siempre como un redentor de todos los infortunios posibles.

- ¿No te das cuenta de lo ridícula que es esta situación?. Hago mil kilómetros para verme contigo y hablar de nuestras cosas y tú ni te dignas mirarme. Ya veo que no te importo nada, que sólo has venido hasta aquí para humillarme con tu desprecio.

Y ella, en medio de la noche, con la única luz de su orgullo, se adentra en la oscuridad siguiendo los efímeros reflejos de sus palabras solitarias.

-  No voy a consentir que me trates así. Si tú no tienes nada que decir yo me voy por donde he venido.

Tras decir eso da cuenta que ha llegado al final de la oscuridad y que allí, al fondo del todo siempre está la luz esperando nacer. La luz de la muerte o la luz del renacer. ¡Qué importa!. ¡Es siempre la misma luz quien habita al final de la oscuridad!.

Entonces, un poco antes de irse y dejar morir su amor quiere darle una oportunidad para que pueda vivir. Por eso se detiene y no se va.

- ¡Esto es ridículo!. ¡De verdad que no te entiendo! -dice volviendo a sentarse en la mesa junto a él, pues ve tan ridículo irse sin más después de un viaje tan largo como quedarse allí para seguir hablando sola; pero si la situación es absurda para ella no lo debe ser menos para él.

También ha hecho mil kilómetros para venir a su encuentro, también habrá tenido que dejar muchas cosas pendientes.

Pasa un largo rato y nada cambia entre ellos. El joven sigue ensimismado mirando la rosa y ella comienza a preocuparse por él.
Ahora ya no le importa tanto que no la responsa sino que no hable y, dejando de preocuparse por ella comienza a preocuparse con él.

¿Quizá le pase algo para estar así?

 

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